‘Tabaco’, el legado de la familia Sánchez brilló en Motor Clásico

Una de las estrellas del evento de clásicos y antiguos en Tocancipá.

Las revistas tienen magia y algo especial y eso lo entendieron los hermanos Rómulo, Manuel y Hernando Sánchez, a quienes una buena tarde les llegó a sus manos un ejemplar de una publicación en la que sobresalía un auto de color amarillo, que había ganado las 500 Millas de Indianápolis en 1950. La imagen los conquistó, como lo hicieron en su momento los carritos de los juegos infantiles, al punto que en las instalaciones de un taller de la calle 19 con avenida Caracas, propiedad de otro hombre de fierros, conocido como Rafael ‘El Ganso’ Garzón, y con la ayuda de Álvaro Cruz, ‘Cuchichio’ decidieron construir una réplica de ese Fórmula Midget o Junior, sin dejar a un lado el más mínimo detalle, como lo había hecho el constructor AC AGAJANIAN.

Esa fue la génesis de ‘Tabaco’, ese Fórmula Junior que hoy está en poder de Carlos Sánchez y que brilló con luz propia este sábado (28 de febrero de 2026), en el Autódromo de Tocancipá, escenario que se ´vistió’ con las mejores galas para recibir a centeneres de vehículos en Motor Clásico, la gran fiesta del Club Los Tortugas.
Este prototipo es la mejor herencia de Carlos, un hombre de sonrisa a flor de labios y cara de bonachón, y al que todos acuden porque saben que dentro de su caja de herramientas puede estar un alambre, una llave o cualquier elemento que pueda servir en una reparación repentina, que no sobra en las carreras y en la llamada ‘mecánica nacional’.

Para Carlos, Motor Clásico es un evento especial y por eso se prepara para la ocasión. Así que no pueden faltar el casco blanco, los guantes de cuero, las gafas de la época y la mejor actitud para llenar de colorido este encuentro con el pasado en la nueva cinta asfáltica del Autódromo de Tocancipá.

Acaba de girar unas vueltas en el renovado trazado y se le ve feliz y habla de su ‘hijo’, porque lo es, y de su historia, con una gran emoción que es fácil adivinar en su rostro. “Inicialmente tuvo un motor multitornillos y en el país alcanzó a correr en algunos circuitos callejeros, uno de ellos el que se realizaba en los alrededores del estadio El Campín”. Su última competencia antes de ser guardado, tras sufrir un estallido en el radiador, razón por la cual Manuel, quien lo tenía en su poder, decidió guardarlo y convertirlo en juguete estático en una bodega.

Para competir, los Sánchez le habían montado un motor de Allard y años después instalaron el propulsor que mantiene en la actualidad. “Un Austin Healey de seis cilindros de 125 caballos de potencia y 2.639 centímetros cúbicos, con un chasis hecho con tubería de caldera de la época (el roll bar es moderno), y un troque delantero y trasero de un Ford 48 motor y caja Austin”, afirma Carlos, quien además destaca que “lo corro desde 2010 con Cava, gracias a la oportunidad que me dio el doctor Varela para hacer el recorrido entre Bogotá y Medellín, haciendo una remembranza de lo que era el Circuito Central Colombiano, además de la Doble a Sogamoso. También he competido en el Circuito San Diego, en la Copa Cumbres y en la Cronoescalada en Balboa”.

‘Tabaco’, podría decirse de alguna forma, hace parte del ADN de Carlos, quien recuerda que el vehículo “llegó a mis manos en el año 2008 y estuvo guardado por mucho tiempo y siempre respeté la decisión de mis tíos, pero cuando ellos fallecen y queda por legado en manos de mi papá, con él decidimos sacarlo y restaurarlo. Yo tenía la fiebre de correr y me decían que lo hiciera en un Simca 1.204 que me había regalado mi progenitor, pero Fernando Porras nos dio el aval de llevar a ‘Tabaco’ a la pista en el campeonato de Autos de Calle”.
Y desde 2024, cuando don Rómulo se fue de este mundo, ‘Tabaco se ha convertido en el bien más preciado y consentido de Carlos, quien dice que “este es mi legado, sin registro, y por eso siempre viaja a las competencias en cama baja. Es el que me permite recordar a mi padre, quien fue mi mecánico, mi maestro y mi ‘sensei’, el hombre que me trasladó el amor por los autos y a quien le rindo un homenaje manteniendo y conservando a ‘Tabaco’”.

Su mirada cambia un poco y es quizás porque de manera mágica y sin explicación, está haciendo un viaje en el tiempo. “Cuando lo conduzco siento una gran nostalgia, porque ahí se ve reflejado el trabajo de muchas personas y de la mecánica nacional. Cuando tomó el volante siento adrenalina pura y pese a que llevo 15 años manejándolo, no es fácil de domar, pues es constate el subviraje y por ser de tracción trasera hay que controlarlo con el acelerador. He pasado sustos, ‘potrereado’, como decimos los automovilistas, pero me gozó cada momento. Reitero, gracias a ‘Tabaco’ recuerdo a mi padre y a quienes lo construyeron de cero. Además, siento un profundo agradecimiento con la vida por poder tenerlo en mi poder”.

¿Y el futuro? Hace un alto para contestar. Suspira y afirma: “No tengo hijos, pero espero que mis sobrinos lo hereden y lo sigan valorando y disfrutando, como lo hace mi madre Elvia Gutiérrez. Mi deseo es que no muera y termine abandonado en un garaje”.

Porque ‘Tabaco’, más que un vehículo, es “un fierro con mucha historia y con un gran legado que no puede desaparecer. Yono le he cambiado nada, solo los filtros que estaban muy deteriorados, y me dicen que le ponga frenos de disco y otros elementos. Pero respeto la tradición y por eso respondo que se quedará tal cual me lo dejaron mis ancestros. Yo disfruto y me alegra que a la gente le guste, soy de la vieja guardia y de los que disfrutamos conducir sin tanta ayuda. Y aunque respeto la tecnología, adoro manejar carros antiguos”.

Como ‘Tabaco’, el auto que los mayores le dejaron por herencia…

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