“Para atrás, ni para coger impulso”: David Alonso
El piloto colombiano está de visita en el país. Habló en rueda de prensa de su patrocinador Bon Bon Bum sobre su futuro en Moto2, la próxima temporada.
Hay una frase que David Alonso tiene muy presente y que desde niño se la escuchó decir a su madre, Sandra Marcela Gómez. Ella, santandereana de pura cepa, pero que con el pasar de los años adoptó una mezcla de acento con dichos colombianos y españoles, decía con tono imperativo: “para atrás, ni para coger impulso”. Y esas palabras se convirtieron, de alguna manera, en su filosofía de vida, pues trata de aplicarlas a rajatabla cuando conduce su máquina celeste marcada con el número 80, con la que este año, en condición de novato, logró el noveno lugar en la clasificación general de Moto2, sumando 153 puntos, producto de una victoria y cinco podios.
Tener un acercamiento con la cultura colombiana lo emociona y el sentir el cariño de la gente, que reconoce la decisión de llevar la bandera de Colombia en pistas internacionales, ha sido algo especial, pues siente que se ha convertido en un referente de la disciplina en el país y sabe que son miles de personas que, sea cual sea la hora, siguen cada una de sus actuaciones en el motociclismo mundial.
De hecho, y es una pregunta que hacen muchos de sus seguidores, quisiera complacerlos llevando la bandera de Colombia en el tanque de combustible, como cuando en Moto3 puso la palabra ‘Parce’, para mostrar su cercanía con el país. No obstante, la llegada de un patrocinador con una propuesta más aerodinámica en este elemento y la petición de imponer su marca, lo ha impedido, lo que no quiere decir que David, joven de 19 años, deje de llevar a Colombia en el corazón. “Gracias a ellos soy más rápido y he podido subir al podio con la bandera colombiana”, dice en medio de una sonrisa tímida, en la rueda de prensa realizada en Bogotá, con uno de sus patrocinadores, Bon Bon Bum, al que agradece su apoyo, afirmando además que después de las exigencias de un Gran Premio “un poco de azúcar no viene mal”. Incluso, confiesa, “cuando mi madre se enteró del patrocinio no lo podía creer, porque ella creció con estos chupetes”.
Se siente muy orgulloso de sus raíces y de igual manera muy feliz al saber que sus seguidores crecen por miles, tanto en España como en Colombia. “Es algo muy bonito poder representar a los dos países, el de mi padre y de mi madre, que siempre me han apoyado en mi carrera. Venir a Colombia siempre es motivo de alegría para mí, pero de igual manera al ver todo el cariño siento una gran responsabilidad, porque nos convertimos en ejemplo para todos esos jóvenes que, como yo, tienen sueños e ilusiones. Cuando vengo no me quiero ir”, dice mientras sus ojos se iluminan, una señal inequívoca que lo que dice no es por simple compromiso.
El sueño de David, en particular, es bastante ambicioso, pues desde que se metió de lleno en la disciplina se ha trazado una meta: “Quiero ser campeón de las tres categorías (Moto3, Moto 2 y Moto GP)”. El primer escalón lo superó en 2024 y en 2025 tiene la convicción de que puede lograrlo en Moto2, una categoría que a comienzo de temporada le resultó bastante exigente.
“Fue un paso muy duro y cambios muy exigentes, pues pasé de conducir una máquina de 250 a 765 centímetros cúbicos; de 60 caballos de potencia a 130; y de un peso de 80 kilogramos a 150, es decir que el doble en casi todos los aspectos, algo que verdaderamente asusta. Fue un año de retos, había que cambiar mucho la parte física y de pilotaje, además de competir con pilotos de mayor edad y experiencia. Pero poco apoco se nos fueron dando las cosas y fue hasta la clasificación en el Circuito de las Américas, en Texas, cuando vimos luz en el túnel y nos dimos cuenta de que podíamos estar a la par de los mejores”.
Y hay un hecho en particular que habla de la calidad humana de David, que bien hubiera podido irse por el lado cómodo y no tomar el camino más largo. “Cuando se dio lo de Moto2 yo decidí que todos los que me acompañaron en Moto3 debían dar el paso conmigo, y por eso al comienzo nos costaba entender más las cosas. Habría podido escoger gente más experimentada, pero la relación con las personas y la conexión era muy fuerte. Vamos por muy buen camino y por eso todos vamos a seguir en 2026 y no va a cambiar absolutamente nada”.
David seguirá portando con orgullo el número 80, que tiene su razón de ser: Me gusta porque tanto el 8 y el cero no tienen fin y apuntan al infinito”, dice. Y de inmediato recuerda su victoria en Hungría: “De verdad fue muy gratificante, porque se deba en un circuito nuevo para todos. Pensé que era mi oportunidad y no la desaproveché”. Dice, en medio de su inocencia juvenil, que “quienes estamos en esto no estamos muy bien de la cabeza, pues cuando se está tan cerca del suelo uno sabe que el golpe puede ser muy fuerte. Pero yo debo tener un ángel, porque han sido ya tantas caídas que cada vez me siento más fuerte y he ido perdiendo ese miedo que se produce después de un accidente. Cuando se va a alta velocidad y rosando el piso se produce algo especial, como una meditación a 300 kilómetros por hora (sonríe)”.
Ya piensa en la próxima temporada y es consciente que “todavía me falta un poco de tiempo y lo importante es poner en práctica todo lo aprendido. Cuando vengo a Colombia me renuevo y espero llegar en 2026 con toda la energía y así poder pelear el título”.
Y una reflexión final sobre el deporte, que Alonso quiso compartir en la rueda de prensa y que deja en claro la importancia del deporte. “Es una anécdota muy bonita y es que mi profesor de mis primeros años de escuela me comentaba que no tenía una buena relación con su hijo, pero que gracias a las carreras, que veían cada uno por su lado, se fueron acercando y se dio una conexión para recuperar lo perdido y eso me da a mí una gran satisfacción, porque de alguna manera colaboré para el acercamiento”.
Por cosas como lo anterior, es que vale la pena jugarse la vida. Y David los hace por Colombia, por España, por sus padres y por todos sus seguidores…