El día que Santiago Botero fue campeón mundial
En octubre de 2002, el pedalista antioqueño logró la victoria en la prueba de ruta disputada en Zolder, Bélgica.

Faltaban escasos metros para cumplir el recorrido de 40,4 kilómetros y Santiago Botero se encontró de frente con una buena cantidad de banderas de Colombia. En sus piernas, él lo sabía, no sólo estaba la ilusión de todo un país sino la posibilidad de cobrar revancha en una temporada de buenos y malos resultados. El antioqueña se paró en su bicicleta y tomó una bocanada de aire. En ese momento, toda esa fuerza interior, todos los deseos de gloria, todos los sinsabores y todo lo que ha tenido que soportar lejos de su tierra, se convirtieron en fortalezas. Santiago Botero Echeverry, el hombre con pinta de europeo, DE ojos azules y pelo claro, cruzó la línea de meta del Autódromo de Zolder en 48 minutos y 8 segundos.
En ese instante, el cronómetro dictó sentencia. El colombiano había partido a las 8:44 de la mañana y menos de una hora después se convertiría en el nuevo campeón mundial de ciclismo profesional. Ni el flamante campeón de la Vuelta a España, Aítor González, uno de los grandes favoritos, como tampoco el alemán Michael Rich -quién el año pasado también había ocupado la segunda posición en Lisboa y había llegado con la meta de llevarse el oro para su tierra- ni mucho menos el español Ígor González de Galdeano -quien tuvo que conformarse con el bronce- pudieron atravesarse en su camino triunfal.
Con anterioridad, Santiago Botero tenía pactada una cita con el éxito. Una cita a la que estuvo a punto de no asistir porque su cuerpo tuvo que sufrir hasta lo inimaginable en la ronda ibérica. El paisa, el administrador de empresas, el ciclomontañista, el deportista que sorprendió en los Juegos Nacionales de Pista en Pereira en 1995 (en la antesala de los mundiales de Boyacá), no quería defraudar a su gente, a su familia, a sus compañeros y a todas las personas que han confiado en sus capacidades.
El triunfo parcial en una etapa en España y su cuarta posición en la contrarreloj, con la que cerró la Vuelta, le devolvieron parte de confianza. Botero había dicho con anterioridad que uno de sus objetivos eran los Mundiales, pero al ver que sus fuerzas se refundían en medio de las montañas ibéricas, tuvo la intención de cerrar el año en Madrid y pensar en cosas mejores para el año 2003.
Pero él, a pesar de las dificultades, quería estar en Bélgica y demostrarle al mundo que el año pasado, en los Mundiales de Lisboa, hubiera podido ser campeón y que de haber tenido una mejor información sobre sus rivales en la ruta, el título del mundo, la camiseta arcoiris y la medalla de campeón, hubieran podido llegarle con anterioridad.
Pero las cosas suceden, como se dice popularmente, cuando tienen que suceder. Y tenía que ser en Zolder, después de soportar algunas críticas de los especialistas, donde Santiago Botero habría de convertirse en el mejor del mundo.
Fue una jornada memorable para el ciclismo colombiano, como lo fueron en el pasado las que cumplieron Martín Emilio Cochise Rodríguez, y en tiempos no tan lejanos y en territorio ecuatoriano el también antioqueño Marlon Pérez.
Santiago Botero, quien el próximo 27 de octubre cumple 30 años, había optado por la mesura y no quiso prometer nada a su llegada a territorio belga. Pero quienes lo conocen, saben que Santiago es un triunfador y que había que esperar a que se sintiera en un buen día y con las fuerzas necesarias para entregarle al deporte colombiano el triunfo más importante del año.
Además, era bien sabido que el recorrido parecía ser diseñado para las condiciones del corredor paisa. El hecho de ser plano en un alto porcentaje y de sólo contar con dos repechos, en la primera parte del trazado, le daban a Botero un porcentaje de favoritismo, algo a lo que el pedalista nacido en Medellín no quería darle mayor trascendencia.
Botero fue un verdadero maestro, como lo fue en la contrarreloj del Tour de Francia, en la que se dio el lujo de vencer al norteamericano Lance Armstrong. El rubio corredor, con pinta de europeo, pero con corazón colombiano, apeló a su fuerza y su ritmo fue aumentando paulatinamente. José Luis Laguía, asistente de Gianni Savio, el director técnico de la selección de Colombia, lo tenía constantemente informado sobre el registro de los otros aspirantes a la gloria. Y el cronómetro comenzó a hablar por el colombiano. Ya en la mitad del recorrido, el nombre de Santiago Botero se oía más fuerte que el de los 57 competidores que llegaron a Bélgica con la misma ilusión: subirse al podio y ponerse la camiseta de campeón
Santiago Botero superó en la líbea de meta al alemán Michael Rich, por 8,23 segundos, y al español Ígor González de Gadeano por 17,15 segundos. Cumplió su sueño, dijo sentirse feliz y sorprendido, le dedicó la victoria a su abuelo fallecido, subió al podio, recibió la medalla de oro, se enfundó la camiseta arcoiris y, con un gesto de satisfacción en su rostro, escuchó las notas del himno nacional. Demasiadas emociones para tan corto tiempo, emociones que traspasaron la frontera y que todavía se mantienen vivas en un país que sigue encontrando en el deporte las mejores noticias: ¡Santiago Botero es el nuevo campeón mundial!…