Rocky Marciano, una eterna leyenda del boxeo
El hijo de inmigrantes italianos superó la pobreza, pero su vida se desarrolló en medio de la tragedia y la gloria. Se retiró invicto y nunca perdió una pelea como profesional.

La historia dice que Rocky Marciano nació el 1° de septiembre de 1923 en Brockton (Massachusetts), pero su registro de nacimiento advierte que su verdadero nombre fue Rocco Francis Marchegiano.
Aunque su sueño era ser jugador de béisbol, el hijo de un zapatero que vivió de cerca el martirio de Nicola y Vanzetti, le prometió a su padre ser campeón de boxeo.
De bebé estuvo gravemente enfermo, pero cuando empezó a mejorar, el médico de la familia dictaminó que: «Si este chico salió bien, será muy fuerte y seguramente será difícil vencerlo». No se equivocó.
Sin embargo, su vida privada estaba lejos de ser la de un atleta: le gustaban las pastas caseras y tenía sobrepeso. Además, fumaba un paquete de cigarrillos por día. Sus amigos lo convencieron que tenía que ser boxeador. Le tomó una prueba quien luego fue su entrenador de toda la vida, Charley Goldman. El veredicto fue: «Este chico es muy torpe, pero pega como un animal».
Lo único cierto es que luego de haber prestado el servicio militar, logró acumular peleas y victorias como amateur, incluyendo un torneo “Guantes de Oro” en Nueva Inglaterra.

Rocky tenía las medidas poco adecuadas de un pugilista de la categoría del peso completo, como quiera que su estatura era de 1 metro 79 centímetros, con un peso de unos 88 kilos. Es decir, era realmente un boxeador poco dotado para la división, al menos por su estatura (fue uno de los campeones mundiales pesados más bajos de la historia, aunque Mike Tyson luego llegó con un centímetro menos aún, 1,78) a lo que se sumaba un temperamento alocado.
En el cuadrilátero lanzaba golpes muy abiertos y en ocasiones perdía la calma, pero eso sí, pegaba como un animal. Por esa razón estaba obligado a combatir en la corta distancia. Goldman supo desarrollar un estilo que le convenía por su físico y temperamento y lo convirtió en una máquina de ataque y de destrucción.
DEL DEBUT PROFESIONAL A CAMPEÓN MUNDIAL
1947 fue el primer año de la “Guerra Fría” y en el que nacieron figuras como el músico Carlos Santana, la actriz Glenn Close, la candidata presidencial Hillary Clinton y en Colombia la fundación del equipo de fútbol Independiente Medellín, pero para Marciano fue el año de su debut como profesional, con un nocaut en tres vueltas sobre Lee Epperson. Luego cosechó 16 nocauts consecutivos, 9 de ellos en el primer asalto.
En ese entonces, el mundo de las “narices chatas” era dominado por afroamericanos en los pesos completos, pero un boxeador blanco y de origen italiano se convirtió en la gran atracción, y eso fue Rocky. Como su nombre no era fácil de pronunciar, un anunciador lo convirtió en Rocky Marciano. Y así quedó, para siempre.

Para 1951 ya era una figura que estaba para más. Fue entonces que lo enfrentaron a Joe Louis, quien ya muy veterano, serviría para convertirse en un nombre importante en su ascendente carrera.
Así fue. «El Bombardero de Detroit», el tremendo campeón de los pesados, por esa época tenía 37 años y se le notaban los años. Marciano, de 28, lo noqueó en el Madison Square Garden de Nueva York en el octavo asalto. Casi ni festejó. Se dice que lloró por haber vencido a su ídolo frente a 17.241 personas. Pero ese triunfo lo acercaba a ser el campeón de los pesos completos.
Como era de esperarse, un año después, el 23 de septiembre de 1952, a los 29 años, en Filadelfia, noqueó en 13 rounds a Jersey Joe Walcott, frente a 40.379 espectadores después de haber estado en el suelo, y se consagró campeón mundial.
Rocky iba abajo en las tarjetas, su rostro presentaba graves cortaduras y solamente podía ganar por un nocaut, que logró con una breve derecha a la mandíbula, golpe que él llamaba “Suzie Q”. La revancha se realizó al año siguiente en Chicago, fue un 15 de mayo y todo fue tan rápido, que muchos ni vieron el golpe.
En ese entonces se afirmó que Félix Bocchicchio, manager de Walcott, aceptó la pelea con su boxeador con revancha incluida. Sobre todo, porque Frankie Fratto, poderoso nombre de la mafia en las ciudades de Chicago y Nueva York, protegía a Marciano y lo quería ver campeón mundial. Fratto también era muy amigo de Frank Sinatra y Marilyn Monroe.
SÓLIDO INVICTO, SU RETIRO Y TRAGEDIA EN IOWA

Marciano conoció a otros personajes como Frankie Caro o Blinky Palermo, y nunca renegó de ellos. Fue conducido por Gene Caggiano y Al Weill. También fue cuestionado por elegir rivales que le podían ofrecer oposición, pero que ya no brillaban como antes, como pasó con Ezzard Charles, a quien venció dos veces, o el veterano Archie Moore.
Pero fue cuando enfrentó a Moore que Marciano hizo su última pelea el 21 de septiembre de 1955. En pleito se disputó en el Yankee Stadium de Nueva York, ante 61.574 espectadores, se impuso por nocaut en 9 asaltos.
Cuenta la historia que esa noche Marciano recibió una bolsa de 482.374 dólares y que solía esconder fajos de billetes en diferentes lugares de su casa, que por supuesto, tras su muerte jamás fueron hallados.
Cansado de los entrenamientos, Rocky anunció que “colgaba los guantes” en 1956. Su récord quedó inmaculado: 49 peleas, todas ganadas, 43 por nocaut. Invicto.

El 31 de agosto de 1969 tomó un vuelo privado que jamás aterrizó en Des Moines (Iowa), donde debía asistir a una presentación personal. Rocky estaba en Chicago y pensaba ir a su casa en Florida para festejar su cumpleaños, pero lo convencieron de dar un discurso en Des Moines, cosa que hizo en una avioneta de un solo motor, piloteada por Glenn Belz, que no tenía suficientes horas de vuelo.
Cuando sobrevolaban Newton (Iowa), la máquina perdió potencia y altura y se estrelló. Murieron los tres, el piloto, un amigo de Rocky y Marciano. Un día después, el 1° de septiembre, iba a cumplir 46 años.
En 1990 ingresó al Hall de la Fama de Canastota (condado de Madison, estado de Nueva York). No es casual el apodo de Balboa, en la saga de Sylvester Stallone. De hecho, en la primera película se aprecia una gran foto de Marciano en la habitación del “Rocky” de celuloide.
Se retiró invicto, gozó de una tremenda popularidad y se hicieron varias películas con su vida, pero no pudo ver una de sus grandes victorias. Fue una pelea imaginaria con Muhammad Alí.
El organizador, Murray Woroner, armó un torneo por medio de una computadora NCR 13. Metió los datos de los principales campeones pesados y llegó a la gran final con Marciano y Alí. Los hombres aceptaron enfrentarse y la grabación, realizada en 1968, se mantuvo en absoluto secreto.
Rocky bajó como 20 kilos y se puso un peluquín. Se grabaron, también todos los resultados posibles. Cuando tuvo el proceso final, Woroner guardó para sí el nombre del vencedor.

La película se estrenó en cines el 22 de enero de 1970, cuando ya Rocky había fallecido, pues nunca supo que él era el ganador por nocaut en el 13° asalto.
Así pasó Rocky Marciano por la vida: ganador eterno, sonriente siempre, carismático y noqueador, para convertirse en lo que sigue siendo: una leyenda eterna del boxeo.